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Patrimonio estudia abrir al público las cuevas de Llonín y Covaciella.

La apertura de las cuevas con arte rupestre declaradas Patrimonio de la
Humanidad y actualmente cerradas al público en Asturias -Llonín y
Covaciella- deberá esperar a las conclusiones de un nuevo estudio del
Principado. El plan, que elaborará Patrimonio en colaboración con la
Universidad de Oviedo, dará continuidad a un análisis elaborado a lo
largo de 2017 y 2018 cuyos escuetos resultados fueron presentados ayer
en el Centro de Arte Rupestre de Tito Bustillo, en Ribadesella. Un
estudio que «sirve para establecer las bases del futuro plan de
gestión», aclaró la directora general de Patrimonio, Otilia Requejo, que
definió el trabajo como una «foto» a la espera del nuevo análisis.

Ese futuro informe abordará seis ejes, desde la recopilación documental
a investigaciones in situ a nivel geológico, pasando por la creación de
una base de datos digital en soporte SIG (sistema de información
geográfica) y la elaboración del plan de actuaciones de investigación,
difusión y gestión sostenible. De los resultados obtenidos se derivará
asimismo la decisión sobre la apertura de cuevas como las de Llonín
(Peñamellera Alta) o La Covaciella (Cabrales), pero también de la
posible limitación de visitas en las cuevas que ya están abiertas. Será,
no obstante, un dictamen a «medio plazo», pues por el momento Patrimonio
no dispone de «datos cuantitativos para tomar decisiones», detalló Requejo.

El debate sobre la posibilidad de hacer visitables más cuevas con arte
rupestre lleva años instalado en concejos como Peñamellera Alta, donde
el Ayuntamiento se muestra favorable a la apertura de Llonín a grupos
reducidos. Más complejo resulta el caso de La Covaciella, descubierta en
1994 durante unas obras de ampliación en la carretera y considerada no
apta para el acceso del público. De hecho, el no contar «con presión de
visitas» y su «descubrimiento más reciente» determina que el yacimiento
cabraliego esté «magníficamente conservado», explicó Montserrat Jiménez,
catedrática de la Universidad de Oviedo y coordinadora del estudio.

La Peña de Candamo es la que peor estado de conservación presenta de las
cinco asturianas

En cuanto a las observaciones ya perfiladas sobre las otras cuatro
cuevas asturianas Patrimonio de la Humanidad -La Peña (Candamo), Tito
Bustillo (Ribadesella), El Pindal (Ribadedeva) y Llonín- los expertos
han detectado que el estado de conservación es bueno, si bien existen
diferencias entre aquellas con uso turístico y las que permanecen
acotadas. «Las cuevas turísticas reciben más impacto que las cerradas»,
apuntó la coordinadora. Para llegar a ese diagnóstico los investigadores
han realizado un «reconocimiento geomorfológico ambiental de las
cavidades valorando el tipo de modificaciones inducidas por la acción
humana y los cambios que han tenido lugar a lo largo de las etapas de
uso, tanto turístico como no turístico», explicó Jiménez. Asimismo, el
estudio de Patrimonio y la Universidad ha permitido «caracterizar las
aguas kársticas como un indicador ambiental de los usos del territorio y
también el microclima de las cuevas», abundó la coordinadora.


      A la luz de esos factores y en base a una «primera aproximación
      cualitativa», es La Peña de Candamo la que presenta un «peor
      estado de conservación» tras una «larga historia de deterioro»,
      explicó. Por su parte, Tito Bustillo afronta la problemática de
      las crecidas del río San Miguel, si bien «no hay constancia» de
      que sus aguas «hayan alterado las pinturas en tiempos recientes»,
      afirmó la investigadora. En Llonín, los paneles con arte rupestre
      presentan en «buen estado» salvo aspectos puntuales por
      «precipitación natural», si bien ha influido su uso histórico «en
      relación a la curación de quesos». También El Pindal está «bien
      conservado» a pesar de presentar alteraciones en el panel que «son
      previas a la apertura para uso turístico», explicó Jiménez. De la
      cavidad ribadedense destacó además el hecho de que los
      «acondicionamientos turísticos han quedado tan integrados en el
      propio medio subterráneo que visualmente no ofrecen una visión tan
      negativa como en otros lugares».Con esa radiografía plasmada en el
      estudio preliminar -sin acceso público por el momento- Patrimonio
      y la Universidad emprenderán tanto un análisis en profundidad como
      las medidas a implementar en cada cueva. Para ello, indicó
      Requejo, es «fundamental» contar con una visión del entorno de las
      cavidades, incluyendo una evaluación sobre los usos del territorio
      y los macizos en los que están enclavadas.

La presentación del estudio coincidió ayer con la reunión de la comisión
de coordinación del Bien Cueva de Altamira y Arte Rupestre Paleolítico
del Norte, en la que participaron los gobiernos de Asturias, Cantabria y
País Vasco, así como representantes del Ministerio de Cultura. «Estas
reuniones permiten ver que no estamos solos, los problemas comunes y
emprender acciones coordinadas», explicó Requejo.

Referencias

El Comercio.