Trescares, años sin iglesia ni viviendas sociales por un hundimiento del terreno

Ni iglesia ni viviendas sociales. Desde hace más de una década un corrimiento de tierra afecta a estas dos construcciones de Trescares, en Peñamellera Alta, para desesperación de unos vecinos que dicen sentirse «quemados». El templo de San Fausto, cuya construcción data de finales del siglo XVI, permanece cerrado al culto desde hace año y medio, recuerda el párroco de la zona, César Acuña. Entonces «en un cabo de año se cayó una piedra» y el sacerdote optó por la clausura total. No obstante, los problemas de San Fausto se remontan a hace un siglo, rememoran los naturales de la zona. Las paredes y la bóveda central presentan una serie de grietas de las que ya alertaron en 2015 al Arzobispado de Oviedo, titular del edificio. «En este tiempo las grietas han aumentado y además hay humedad», explican fuentes vecinales, que lamentan que «se lleve veinte años sin hacer nada» a pesar de que «hace mucho tiempo que prometieron que se arreglaría».

En 2008 se redactó un estudio, cuenta el párroco, tras realizar calicatas y vigilar semanalmente la evolución de las grietas. Ya entonces, la Iglesia advirtió de la necesidad de acometer una rehabilitación para la que, dijeron, podrían aportar un 20%.

El párroco Acuña adelanta que este mismo mes presentará al Arzobispado un proyecto encaminado a obtener una subvención que permita intervenir «sobre lo más urgente». Se trataría de los daños estructurales en la cúpula y el altar, una obra que oscila «entre los 20.000 y los 25.000 euros». No obstante, en un plazo más lejano fija la necesidad de actuar sobre el tejado y el coro, «de madera y en mal estado por las goteras». «Empezaríamos por la cúpula para poder recuperar el culto», explica. De obtener parte de esa cuantía del Arzobispado, el párroco recuerda que aún sería necesaria una aportación extra de los vecinos. «La gente del pueblo es la que se va a quedar, los sacerdotes vamos pasando por aquí, somos como administradores», apunta. Hasta la fecha, el sacerdote encargado de Trescares dice haber reunido mil euros. «Tenemos muchas desventajas, el problema monetario y que no hay mucha gente», indica.

Por su parte, los vecinos instan a solicitar la subvención -el año pasado venció el plazo sin formalizar la demanda- y recuerdan sus dificultades para financiar la obra, ya que Trescares cuenta con «dieciocho personas, todos gente mayor y con jubilaciones pequeñas».

Los corrimientos del terreno, que hace ya medio siglo provocaron el desprendimiento de parte de la bóveda, afectan también al edificio de viviendas sociales ubicadas apenas diez metros más abajo de la iglesia de San Fausto. Según el estudio elaborado por técnicos del Arzobispado, el daño de los edificios se explica por el «paso de varios manantiales subterráneos, a mucha profundidad, que provocan el corrimiento de tierras».

De hecho, las dos viviendas sociales, ubicadas en la antigua sede de las escuelas del pueblo, fueron rehabilitadas hace una década, pero nunca se llegó a efectuar la concesión. «El Principado las hizo y nunca entró nadie a vivir, están hechas un desastre, llenas de goteras», lamenta el alcalde de Peñamellera Alta, José Antonio Roque. La reforma, indica, supuso una inversión de «120.000 euros». De hecho, las casas cuentan aún con equipamientos en la cocina, desde el mobiliario a electrodomésticos como campana extractora o vitrocerámica. El paso del tiempo, sin embargo, ha hecho mella en las paredes y el techo -plagados de moho por la humedad- y de alguna de las ventanas que dan a la escalera, hoy rotas.

«Preguntan por las casas»

A mediados de enero técnicos de la dirección general de Vivienda instalaron fisurómetros en el inmueble para controlar el movimiento de las grietas. «Al mes volverán a ver si se movió la señal», explica el regidor.

El concejo dispone actualmente de diez viviendas sociales, todas ellas habitadas. «Hay gente que viene preguntando», señala Roque. La necesidad de habilitar las viviendas de Trescares es compartida por los vecinos. «Estaría bien para que viniese gente joven», sostienen en esta pequeña localidad de Peñamellera Alta, en la que explican, ahora mismo viven solo dos menores.

Referencias

El Comercio